Levantina
Origen y autoría La creación de la levantina se atribuye, con bastante unanimidad entre los flamencólogos especializados en cantes de levante, al cantaor unionense conocido como Juan "El Albañil", un artista de La Unión (Murcia) cuya identidad biográfica completa sigue siendo parcialmente oscura pero cuya contribución al repertorio de los cantes mineros es reconocida. La Unión —pequeña ciudad minera de la comarca cartagenera, sede desde 1961 del famoso Festival Internacional del Cante de las Minas— fue el crisol donde todos los cantes levantinos se desarrollaron, se cruzaron y alcanzaron su forma más definida: en sus tabernas, sus fiestas de mineros y sus reuniones de cantaores se forjaron los perfiles de cada palo, y la levantina no fue una excepción. En ese mismo contexto, el cantaor que más contribuyó a la difusión y al enriquecimiento de la levantina fue El Cojo de Málaga —cuyo nombre real era Antonio Pozo López (1874-1950)—, guitarrista y cantaor de enorme creatividad que imprimió a muchos de los cantes de levante una impronta personal muy reconocible y que dejó los registros fonográficos más importantes del palo en sus primeras décadas.
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